Mi boca vomita palabras indebidas, porque tú no sabes nada, he pincelado en el cielo una pizca de pimienta del huracán que azota por estos días y desde muchos.
Porque mi cuerpo de miel se impregna como abeja a su panal, al margen de lo ocurrido, al margen del amor, al margen de los errores, al margen de mi herida, espero que seque pronto o tendré que seguir poniendo pañitos con agua oxigenada.
Todo esto puede sonar egoísta, como si solo mi cuerpo tiene el poder de sentir, pero es lo único que tengo conocimiento que realmente siente producto de este embrollo.
Quizás mis palabras pueden sonar vacías como lo que llevo como rutina, algo casi monótono, pero déjenme me da tranquilidad.
A lo mejor tampoco es legible, es necesario leer con lentes o una gran lupa, puede ser porque soy casi un analfabeto, sólo poseo cosquillas en las yemas de mis dedos, o soy un disléxico de tu cuerpo susurrando mis ilusiones, porque ya sé que soy un fantasma de tus sueños y a veces de los míos.
No creo que sea un cobarde, ya no me pueden decir que lo soy, creo que tengo la capacidad de poseer una bella hemorragia, no una que mata, sino una que te hace ligero, donde digo una tracalada de cosas que a pocos le importa, donde no gano el mejor trofeo, ni pierdo una mano, donde sale una luz de mis escasas virtudes, que por poco pierdo.
25 sept 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario